Hermanos
En las entrevistas a escritores chilenos durante la Feria del Libro de Lima, donde nuestro país es el invitado de honor, una pregunta recurrente es si experimentamos desdén o antipatías históricas hacia los peruanos.
En las entrevistas a escritores chilenos durante la Feria del Libro de Lima, donde nuestro país es el invitado de honor, una pregunta recurrente es si experimentamos desdén o antipatías históricas hacia los peruanos.
“Para distraernos decidimos caminar por Maison Dieu Road, la larga avenida que lleva al mar. Las calles estaban vacías. Había leído en la primera plana del Sun que Arsenal y Liverpool se enfrentaban esa tarde. Un partido de fútbol que ningún inglés en su sano juicio se perdería. Sin embargo, nada en aquel instante me importaba menos que ese encuentro. Mientras caminaba junto a Clara y Antonio sentí que mi vida anterior estaba lejos.
Conocí a Bill en Badlands, la discoteca gay de moda en 1988. Rubio, pelo crespo, bastante más bajo que yo. Iba vestido de granjero. El peto, que no alcanzaba a cubrirle el pecho ancho y velludo, dejaba a la vista su espalda y sus brazos abultados. Bailaba con una concentración inusual en un sitio donde el cruce de miradas insinuantes era la norma. Pero sabía que llamaba la atención: ritmo y plasticidad en su justo grado. Potente. Viril.
Al finalizar la década del 20, Asakusa, un barrio de Tokio junto al río Okawa, alcanza su apogeo preguerra. Dentro de pocos años el militarismo dominará el país y será la causa del fin de su vida desprejuiciada: espectáculos, restaurantes, casas de geishas, un mundo frívolo, frenético, rebosante de pillos y mendigos. Un barrio que recuerda Montmartre a fines del siglo XIX y Times Square en los años 40.
Recuerdo la primera vez que vi su nombre, un par de años atrás, en internet. La revista TIME la nombraba como una de las cien personas más influyentes del mundo, en una lista donde sólo había dos o tres escritores.
Mirada desde cierto punto de vista, la obra de Bolaño es una recopilación de vidas mínimas. La mayoría corresponden a personajes que algún vínculo mantuvieron con la literatura: Poetas, narradores, libreros, vendedores de libros, profesores de literatura, de filosofía, de lingüística, críticos, periodistas, guionistas, matemáticos con aspiraciones literarias, editores, traductores, cuentistas nazi, linotipistas, hasta una mujer desdentada que se declara la madre de todos los poetas.
La mayoría de nosotros se ha cuestionado hasta qué punto elegimos nuestra calidad de burgueses, o si caímos en ella empujados por nuestros miedos. ¿Cuántos no hemos sufrido brotes de rebeldía al pensar que estamos atrapados, que nos hemos dejado llevar por una corriente que no concuerda en casi nada con la dirección que alguna vez quisimos darle a nuestra vida?
He considerado varios temas para esta columna. En un primer momento pensé escribir acerca de las declaraciones del cardenal Errázuriz, en las cuales pedía a los políticos que se pusieran en sintonía con los tiempos. Muchos años que no escuchaba a un personaje público alcanzar tal nivel de desfachatez. La cabeza de la institución más anacrónica de nuestro país, se permite dar un consejo de esa índole. Quizá sea un buen augurio. Pero no estoy de ánimo para protestar, me falta sangre.
Mauricio Wacquez: Prosista de materiales nobles
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Dos nuevos libros que recogen parte de su producción narrativa y ensayística reinstalan al escritor en la cultura chilena, de la que llegó a ser un conocedor agudo, a pesar - o gracias- a la distancia geográfica que lo separó del país.
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Mauricio Wacquez “Frente a un hombre armado”:
La rabia y el descaro de Warni
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Se podría decir que la reedición de “Frente a un hombre armado”, del escritor chileno Mauricio Wacquez, fallecido en 2000, tiene los efectos de una primera edición para una novela de vida fugaz en las librerías chilenas durante los años ochenta.
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