Entrevista diario La Reforma

Escrito poradmin el Oct 05 2008 | ENTREVISTAS

Explora las fronteras morales

Con la historia de un triángulo amoroso,el escritor chileno presenta el retrato de un país inmerso en una etapa de cambios políticos

A finales del siglo 20, cuando un hipotético desastre tecnológico se cierne sobre el mundo entero y la inquietud parece extenderse tanto entre los supersticiosos como entre los escépticos, la tranquilidad de un matrimonio se ve fracturada con el arribo a su vida de Diego Lira, un abogado que tiene una publicación on line de noticias. Ansiosos de romper con la rutina, Laura y Manuel se dejan llevar a experiencias límite y pronto las convenciones que les cobijan
se verán desmoronadas.

Ese argumento sirve al chileno Pablo Simonetti para urdir su segunda novela, La razón de los amantes (Planeta), un retrato de la sociedad chilena que, en el 2000, también se enfrentaba a la incertidumbre en cuestión electoral: ¿el socialista Ricardo Lagos o el miembro del Opus Dei Joaquín Lavín? El abogado que llega a perturbar la estabilidad del matrimonio ha sido interpretado por la crítica como la metáfora del Chile joven finisecular. Cuestionado sobre qué pudo provocar que se le diera esa lectura, Simonetti da abundantes razones.“Por ser un hombre que ha dejado atrás una familia representante de la vieja aristocracia campestre, una sociedad machista, homofóbica, conservadora a ultranza, aliada de Pinochet, que poco a poco ha perdido preponderancia en el debate público chileno; y se hace parte de otra sociedad, una en la que se distingue por logros, dinero y figuración”. Lira, el personaje, trabajaba en un bufete prestigioso de abogados y de pronto se transforma en director de un periódico en Internet. “Es un hombre que iba a casarse con una mujer de su clase para perpetuar las ‘buenas costumbres’ y termina por reconocerse gay ante los suyos, dando una muestra de independencia que, más que estigmatizarlo, lo distingue”, explica Simonetti.
¿Qué elementos hallará el lector mexicano en su novela con los que pueda identificarse?
La búsqueda de una idea de futuro en la persona de un amante es un impulso universal. Y lo particular de esta novela, el hecho de que ambos miembros de la pareja busquen el escape a su encierro en la misma persona, es una situación que permite explorar las fronteras morales de este comportamiento. ¿Y hallará circunstancias sociopolíticas que le resulten familiares? México, después de la larga hegemonía del PRI, hubo de enfrentarse a una idea polarizada de futuro, tal como Chile la enfrentó durante la elección del milenio, donde compitieron Lagos, un socialista agnóstico, y Lavín, un liberal a ultranza en lo económico, defensor de Pinochet y miembro del Opus Dei. Esta polaridad (51-49 por ciento) despertó expectativas desmedidas y al mismo tiempo, ansiedades y temores irracionales. Lo mismo les ocurre a Manuel y a Laura, cuando se ven enfrentados a la idea de futuro que representa Diego. Un hombre que lleva los ropajes de una sociedad moderna, tecnologizada, liberal en cuanto a los derechos de los individuos y crítica de la dictadura. Se ha escrito que en La razón de los amantes resuena el eco de dos relatos suyos del libro Vidas vulnerables, “Santa Lucía” y “Sin compasión”.

¿En qué reside el vínculo? El primer cuento trata de la experiencia homosexual de un hombre casado en un escondrijo del cerro donde se fundó la ciudad (que da nombre al relato), lugar donde se une lo más representativo y lo más lúbrico de nuestra identidad nacional. En sus laderas, entre los monumentos, las parejas hacen el amor y los hombres gay van en busca de sexo anónimo. Es una protesta contra el juicio maniqueo que recae sobre la intimidad del ser humano. Manuel tiene a su ancestro literario más directo en ese personaje. A su vez, el protagonista de “Sin compasión” trabaja en un banco, al igual que Manuel, y se v sometido a la mirada estrecha que impera en las grandes empresas cuando uno de sus empleados no responde a la norma social.
De alguna forma, su novela trata de las relaciones que establecemos con el futuro, de la ansiedad estimulada por un horizonte en el que lo mismo pueden verse altas expectativas que fracaso
y abandono. ¿El futuro es una nueva representación del mal? Esa sería la mirada conservadora. En cambio, la mirada liberal pondría todas las expectativas en él, sin concesiones. Creo que encauzar esas expectativas en un debate racional, y al mismo tiempo no dejarnos inmovilizarpor los miedos que mencionas,nos puede ayudar a encontrar un nuevo humanismo, uno que desmantele el individualismo salvaje y que al mismo tiempo no condene a un gran porcentaje de la sociedad como lo hacía el humanismo cristiano. Un alto porcentaje si consideramos el imperativo de postergarse que recaía sobre la mujer, además de los divorciados, los fornicadores, los homosexuales… Para qué seguir.
Se ha dicho que es moderno en su visión de los conflictos amorosos y su entorno social… ¿De qué manera cultiva esa visión? No es deliberado. Nace, creo, de ser un buen observador y del esfuerzo por ser honesto al narrar.

Pero en esa visión también han influido sus lecturas. ¿Qué suele leer?
Esta novela tuvo una serie de novelas tutelares. En la manera en que los conflictos se van desarrollando
dentro de una aparente normalidad, influyó Howard’s End, de E.M. Forster.
En la descripción de ambientes y personajes, El estrecho rincón, de Somerset Maugham y sus cuentos de El temblar de una hoja. Graham Greene con El fin de la aventura y The Heart of the Matter estuvo
siempre rondando la naturaleza del conflicto. Y más atrás, quizás en la creación de Laura, estuvo Mansfield
Park, de Jane Austen, cuyo estilo libre de metáforas también me ha influenciado. Y el comienzo es deudor
de La edad de la inocencia, de Edith Wharton. En general, mis lecturas tienen una matriz inglesa. Por
influencias recibidas cuando empecé a escribir (José Donoso era un gran lector de literatura inglesa), pero también por gusto. Los temas privados me parecen más interesantes y creo que son más reveladores que mucha literatura hispanoamericana preocupada por dar con la gran novela de su tiempo.
Diego lee porque eso da prestigio, ¿qué hay en su biblioteca? Leyó con devoción en su momento a Bolaño. En Chile, ese momento es a partir de 1999, año en el cual se inicia La razón de los amantes, cuando Bolaño se vuelve un gigante repentino con Los detectives salvajes. También ha leído algunos libros de Amis, Barnes, McEwan e Ishiguro. En sus manos tuvo lo primordial de Vargas Llosa, Cortázar, Donoso y Borges. No se emociona con la poesía, pero habla de Huidobro y de Neruda con cierta soltura, y está siempre en deuda con la Mistral. De Paz ha leído El laberinto de la soledad, y de Fuentes, La muerte de Artemio Cruz. A Rulfo lo conoce de oídas. Mientras ejercía como abogado compró muchísimos libros con la determinación de leerlos, pero no tuvo tiempo siquiera de abrirlos. Ahora sólo revisa diarios y revistas, si es que saca los ojos de la pantalla de su computadora. En su novela se cultivan mucho los diálogos… ¿Tiene formación dramatúrgica? No, no tengo formación dramatúrgica, me interesa el teatro como espectador y entre mis lecturas puedo ufanarme de haber leído a Shakespeare, Ibsen y Chéjov. En defensa de los narradores, para aprender a sacar chispas con los diálogos, los escritores que mencioné más arriba son una muy buena escuela, a la
que habría que sumar a Tolstói y a Balzac.
Reportero de El Ángel

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