Los Imperios

Escrito poradmin el Jul 28 2008 | Política y religión

A lo largo de la historia, los imperios se han mostrado orgullosos de poseer un concepto de organización social, que han aplicado con fervor al interior de sus fronteras e impuesto en mayor o menor grado a sus vecinos.

Irak ha sido considerado como un vecino por Estados Unidos al ser un país que ampara el terrorismo y, aunque no lo admitan, al administrar una de las mayores reservas de petróleo existentes. Los romanos, por ejemplo, pensaban que los pueblos sojuzgados adquirían una mejor calidad de vida que la que nunca podrían alcanzar dejados a su suerte. Todavía más, ser romano constituía una calidad humana superior. Al dejarse regir por el imperio, los pueblos accedían al sistema de moneda, al desarrollo de obras públicas, al derecho, a la cultura, al intercambio comercial, incluso si eran fieles y sumisos podían llegar a ser considerados “romanos”; en el fondo, a ojos de un romano, esos hombres sometidos al arbitrio de algún sátrapa de turno, pasaban a gozar de una estabilidad más amplia y se les brindaba la oportunidad de vivir tranquilos, protegidos por poderosas legiones, en un estado con reglas claras que les abría las puertas del mercado mundial. Una promesa de paz, bienestar y prosperidad. En nada se diferencia a la propuesta actual de Estados Unidos. Llama la atención, eso sí, aún considerando el 11S, la fiereza con que Bush ha emprendido esta “lucha por la democracia y los valores del mundo actual”, sólo semejante a la de los emperadores romanos más temerosos, que barruntaron en cualquier cultura diferente una amenaza para el modus vivendi romano. Leía en algún diario que Estados Unidos en sus dos siglos de historia ha intervenido en setenta y cinco ocasiones en países de Centro y Latinoamérica. Incluso sus autoridades pidieron perdón hace algún tiempo por intervenir en Chile para derrocar a Salvador Allende. Creo que la intención de ese gesto fue buscar el voto de Chile en el consejo de seguridad.

Cualquiera de nosotros, dueño de un cierto sentido de independencia, con alguna idea de la tradición del país, con una incipiente voluntad de llevar adelante la vida bajo preceptos propios, desea negarle a otros el derecho a que nos imponga su modus vivendi. Sin embargo, Chile deberá escuchar atentamente las recomendaciones del emperador, con el tratado de libre comercio y las crecientes exportaciones como herramienta de extorsión. Ética y dinero enfrentados, el viejo dilema, como si se empecinara como una mosca indómita, como si los dioses -diría un romano por anexión-se hubieran confabulado para atormentarnos con preguntas que nos exceden. La coacción del dinero, que en este caso promete sacar del estado de suma pobreza a millones de chilenos, remece las bases de nuestra “humilde pero digna” identidad. ¿Qué hacer? ¿Soportará USA una rebelión en cuanto a valores políticos o formas de gobierno o acercamiento a culturas disidentes? A Kirrchner le acaba de mostrar su molestia por el flirteo con Cuba. No tengamos la menor duda que el Imperio buscará imponer sus convicciones en cada uno de los frentes que verdaderamente le preocupen. A nosotros, sus pequeños socios comerciales, especialmente. Sí, nos asociamos, sí, nos beneficiamos, sí, obedecemos. La fuerza con que Estados Unidos intente imponer su juicio se graduará de acuerdo al interés que tenga en el asunto y puede según el caso alcanzar niveles de agudo fanatismo, que en los días previos a la invasión a Irak adquirió visos religiosos. Y ya conocemos lo que trae consigo ese tipo de fervor. Es cosa de recordar el delirio santo que seguramente habitaba a los miembros de Al Qaeda al perpetrar la horrible matanza de inocentes del 11S.