Lo adecuado
De Philip Roth, escritor norteamericano, tomo esta manera de nombrar otra restricción del debate público, que se suma a La Hipocresía y La Ignorancia. Estas restricciones son estados, actitudes o cualidades del individuo que proyectadas al espacio público se constituyen en limitantes del debate.
Un debate restringido, deformado o fragmentario, resta fuerza al progreso social y redunda en instituciones con dificultades para actuar como cuerpos vivos, regenerándose, desechando las cargas muertas, afinando su función y alcance.
Por cierto, lo adecuado no tiene un carácter necesariamente negativo. Desde que nacemos somos encauzados en un proceso de adecuación social. Los frutos benéficos de este adiestramiento son las buenas costumbres, los buenos usos que hacemos de las cosas, los buenos sentimientos primando sobre los borbotones sulfúricos de la envidia, la codicia, la ira, el odio y la crueldad. Sin embargo, cuando lo adecuado se extiende más allá o más acá de la esfera media donde resulta útil, empequeñece al ser humano. Nada menos ardiente que un comportamiento adecuado entre los amantes. Nada más empobrecedor que el deseo de ser adecuado en el ejercicio del pensamiento intelectual.
Creo que el instigador de la conducta adecuada, del decir adecuado, del pensar adecuado, es el miedo. Cuando una sociedad ha experimentado traumas que han dejado una herida profunda que todavía permanece abierta, cualquier expresión que roce esa herida, que se refiera a ella, que despierte sospecha, desata el escándalo. Para evitarlo, se establecen estrictos códigos de conducta que buscan sacar de la vista cualquier expresión que pudiese resultar incómoda. Pensándolo bien, lo adecuado podría ser visto como una variación de la ignorancia activa.
En Chile, llevamos años de imperio de lo adecuado, a causa, creo, de dos corrientes que ejercen presión sobre nuestro espacio público.
La primera. Desde los foros internacionales se impone un proceso de globalización, que no sólo establece las buenas prácticas de comercio; consigo trae las buenas maneras en la política, el pensamiento y tantos otros aspectos. Lo políticamente correcto. Roth, en su novela “La Mancha Humana”, mete su mano narrativa en las vísceras de su país, cuna de esta manida expresión, donde las formas adecuadas han pasado a ser fundamentales, más que los mismísimos comportamientos que estas formas buscan incentivar. Pienso que tanto Estados Unidos como Europa aún viven atemorizados por los traumas horribles de las dos guerras mundiales y el exterminio judío. Al país del norte habría que sumarle la culpa por la discriminación racial, la división que provocó Vietnam y la amenaza latente de más de treinta años de Guerra Fría. He aquí un buen ejemplo de la tiranía de lo adecuado: El temor que despertó la Guerra Fría, llevó a la persecución de profesores, intelectuales y artistas incómodos, acusándolos de supuesta filiación comunista por parte de una Comisión del Senado, con el amplio apoyo de la prensa y la ciudadanía.
La segunda corriente. En Chile está vivo el doloroso trauma de la dictadura, nuestro holocausto, cuyos reducidos números no aminoran el horror. No se ha borrado la memoria del odio, la violencia, el temor, la ira. La democracia de los acuerdos, el sistema binominal y tantos otros ejemplos, son la expresión concreta del miedo a que algo semejante vuelva a ocurrir. Y el otro gran trauma es la pobreza. Nadie se permite ser incorrecto ante la pobreza. Ningún político de fuste deja de mencionar a los pobres en las primeras dos frases de sus discursos.
Bajo estas presiones, en nuestro espacio público impera, sin mayor contrapeso, lo adecuado. The Clinic es quizás la única voz indisciplinada que cuenta con popularidad y que lucha junto a otros medios contra el empobrecimiento que esta tiranía trae consigo. El humor ha sido desde siempre un buen disfraz para el pensamiento inadecuado.
En el campo político en cambio, la opinión pública se apresura a entregar sus preferencias a los dirigentes que muestren una personalidad poco conflictiva, aquella autoridad que sea ponderada, pero también pusilánime, que no se vaya a salir de madre por ningún motivo, que no despliegue las garras. La estrategia del eventual candidato de la derecha, se basa en esta percepción. Se escabulle de las coyunturas políticas con mensajes conciliadores que evaden del todo el corazón del problema. Esto explica por qué la derecha, que no reunió más de un treinta o treinta y cinco por ciento de los votos en las elecciones del siglo pasado, aspire a conseguir una mayoría absoluta.
Pero lo adecuado tiene dos grandes enemigos: el azar y las pasiones humanas. Expuesto a la intensa luz de la vida, lo adecuado se torna ridículo, triste e infantil.
Por el bien de todos, es aconsejable limitar el rango de influencia de lo adecuado a su esfera útil, donde nos ofrece fluidez en la convivencia ciudadana y política, pero nada más. Con este fin, un excelente ejercicio de urbanidad civil sería prestar oídos a nuestros artistas e intelectuales más perturbadores, aquellos que se resisten a ser arrastrados hacia el centro por la fuerza centrípeta que gobierna la dinámica de la sociedad, que busca enmudecerlos, que dejen de incomodar, que sus obras ya no hieran la delicada sensibilidad oficial. Una cualidad que comparten las obras clásicas es que conservan un fondo inadecuado, un corazón irreductible que alienta la constante reflexión en torno a ellos. Cuando el protagonista de la novela de Roth, profesor de literatura clásica, se pregunta acerca de lo adecuado, se dice: si me propusiera enseñar “La conducta adecuada en el drama clásico griego”, sería un curso que terminaría antes de comenzar.