¿Burgués o aventurero?
La mayoría de nosotros se ha cuestionado hasta qué punto elegimos nuestra calidad de burgueses, o si caímos en ella empujados por nuestros miedos. ¿Cuántos no hemos sufrido brotes de rebeldía al pensar que estamos atrapados, que nos hemos dejado llevar por una corriente que no concuerda en casi nada con la dirección que alguna vez quisimos darle a nuestra vida?
¿Cuántas veces no hemos fantaseado con darnos a la aventura, partir de viaje sin destino predeterminado, quebrando con la institución del trabajo diario y del desarrollo profesional, o lanzarnos en busca de amores que sacien nuestros deseos, dejando de lado la institución del matrimonio y la familia? ¿Por qué trabajar desde que salimos del colegio o de la universidad día tras día, con unas míseras vacaciones de tres semanas al año, hasta cumplir sesenta y cinco? ¿Por qué hay que casarse con una sola persona para toda la vida y renunciar a los cantos de la sensualidad y la conquista?
Muchos se consuelan con la impresión de que la estructura social de hoy no da espacio a la aventura. Quizá por lo mismo sólo unos pocos buscan su realización a través de ella. Son espíritus en fuga, un día están aquí, otro allá, una noche aman con pasión y a la mañana siguiente olvidan, viven épocas de deslumbrante riqueza y al poco tiempo no tienen dinero para dormir en otro lugar que no sea un albergue. La literatura nos ha dado numerosos ejemplos de estos aventureros. Pero hay uno cuyo fama se extiende hasta nuestros días, un hombre de carne y hueso que desafió las costumbres europeas del siglo XVIII. Me refiero al veneciano Giacomo Casanova. Esta reflexión ha surgido de la lectura de la novela “El amante de Bolzano” de Sándor Márai, escritor húngaro de principios del siglo XX, que en el último tiempo ha ganado reconocimiento. La novela es una demostración de prosa expresiva, de intensidad emocional, pero lo que sobrecoge es la conciencia de los personajes respecto del lugar que ocupan en el mundo. Los protagonistas son tres: el propio Casanova que llega a Bolzano, una pequeña ciudad a los pies de las Dolomitas, luego de huir de manos de la Inquisición; el segundo es el Conde de Parma, ilustre habitante de la ciudad, uno de los hombres más poderosos de Italia, primo de Luis XV de Francia. La tercera es Francesca, la bella condesa. Está enamorada de Casanova y el anciano conde lo sabe, aún más, ha leído una carta donde Francesca le escribe a su amado: “Te debo ver”. Como hábil político, el viejo concibe una estratagema brillante para deshacerse de Casanova sin matarlo. Si lo hiciera, su fantasma penaría en el corazón de su mujer. El conde representa el súmmum de la Burguesía: ha sido regalado con los mayores disfrutes de este tipo de vida que busca seguridad, prosperidad, respetabilidad. Se enfrenta a quien ha logrado hacer de la Aventura un género artístico, provisto de astucia, intrepidez y rechazo hacia las ataduras emocionales. En el medio de ambos se halla Francesca. Ella representa el Amor. Ha permanecido encarcelada en su palacio de oro por años. Sólo ella, piensa, le puede dar un sentido profundo al arte de la Aventura de su amado: “Sin mí, tú no eres nada”, le dice con sencillez. La historia es una composición perfecta: Burguesía versus Aventura, amenazadas por el Amor. El burgués aterrado ante la posible pérdida en los frágiles años de la vejez, el aventurero temeroso ante la posibilidad de ser encadenado. Francesca asegura que la libertad está en el verdadero amor, aquel que todo lo da sin esperar nada a cambio. ¿Qué primará? ¿El poder terreno del conde, la osadía de Casanova o la locura amorosa de Francesca?
La magia del libro se debe a la lúcida defensa que realiza cada protagonista de su papel en la vida. Cada punto de vista es más convincente que el otro. Al escuchar al conde deseamos fervientemente permanecer como burgueses, al seguir la corriente de conciencia de Casanova, juramos que mañana nos lanzaremos a una aventura sin regreso. Y hacia el final, para mayor desconcierto, Francesca nos convence de que el amor debe ser nuestro guía. Un gran libro para sopesar las virtudes y bajezas de cada forma de encarar la existencia. Especial para espíritus divididos.